Columnista Uruguay al Dia
Una suerte de juego de la adivinación ha arribado a parte del periodismo nacional, anclando de manera especial en algunos ámbitos como el fútbol y el carnaval pero también marcando presencia en otros, por ejemplo en la política.
Es así que mucho antes de que se juegue el primer partido de un campeonato o de que se abra por primera vez el telón en el Concurso Oficial del Teatro de Verano hay quienes dan por sentados los primeros puestos de ambas competencias.
Quizás uno de los aspectos que más hiere la sensibilidad es que la mayoría de las veces estos pronósticos no están basados en estadísticas, estudios ni otro dato de la realidad más allá del mero gusto personal.
En ese sentido -por ejemplo- en los días previos al sorteo de las series para el próximo Campeonato Mundial de Fútbol en Sudáfrica desde varios programas deportivos se vertieron una serie de evaluaciones que dejaron al descubierto grandes dosis de ignorancia sobre las capacidades de varias selecciones del mundo.
Así, se escucharon voces diciendo “ojalá nos toque enfrentar a X país”, sin manejar el más mínimo argumento para defender la pertinencia de ese deseo.
No creo que sea exigente pesar que cuando una persona sintoniza determinada emisora o elige leer en el papel o en la computadora previsiones de este tipo tiene derecho a contar con un panorama que le muestre cómo llegaron esos equipos al mundial, a qué rivales eliminaron o en qué ligas se desempeñan sus futbolistas.
Si no es así, seguramente esta y otras personas podrán creer que el fútbol del mundo no ha evolucionado y sin demasiados elementos -al igual que muchos periodistas- catalogarán a algunos resultados como “sorprendentes”.
Si esta realidad duele algo aún peor sucede en relación al carnaval ya que aquí no se trata de un partido en el que alguien –por sus virtudes o los errores de sus rivales- se proclama vencedor, sino de un concurso en el que un jurado determina quiénes son los mejores.
En ese marco lo que cada periodista “opina” sobre la ubicación que debe tener determinado conjunto tiene sólo el valor de la expresión de su gusto personal –muchas veces forjada desde los ensayos- pero sin tener en cuenta otros elementos que hacen a la cuestión.
Quienes también vivimos y disfrutamos el carnaval en ensayos, tablados y festivales sabemos que un espectáculo brillantemente planificado, basado en buenas letras, arreglos y un plantel importante puede verse afectado –en el momento de plasmarlo en el escenario del Teatro- por detalles tan inasibles como la actuación del conjunto que subió antes o el frío que se sufra esa noche.
En este punto tal vez alguien pueda decir –sin dejar de tener razón- que el periodista tiene el derecho de opinar. Espero se me conceda que no es muy coherente editorializar en los copetes de un informativo y que si esto ocurre debería especificarse esta diferencia, con la misma rigurosidad con la que se manejan las denominadas “empresariales” (o como en esa página, en la que el lector tiene claro cuáles son las noticias y cuáles las opiniones de los columnistas).
Aquí también está el tema de las bases de determinada opinión porque yo puedo adorar la música de Pitufo Lombardo, Tabaré Cardozo o Alejandro Balbis pero no creo tener las mismas herramientas que el jurado de ese rubro para captar los lujos de estos creadores.
Para terminar y a modo de telón piadoso, una pequeña referencia al ámbito del periodismo político en donde también se generan estos pronósticos sobre arenas movedizas, en temas tan diferentes como los efectos del veto del Presidente Tabaré Vázquez a la Ley de Salud Sexual y Reproductiva o la elección del candidato del Frente Amplio a la Intendencia de Montevideo.
Más acá y más allá -en el tiempo y en la sensibilidad- se oyeron voces anunciando diferentes consecuencias, muchas de éstas sin tener en cuenta las características de nuestra sociedad, su mayor o menor involucramiento en estos temas o el momento –político, social o económico- en que sucedieron.
En resumen ¿qué significan este tipo de pronósticos más allá de reflejar el romance con las propias convicciones?
¿Qué aportan, además de la ventaja de decir al final del camino “lo decíamos” regodeándose en la propia y vana victoria?
A la espera de mejores respuestas, soportemos este afán pronosticador, tal vez un mal menor frente a otras posibilidades.
No sea cosa de que hayamos errado el título y no estemos hablando de adivinos, sino de miembros de un jurado al que no fueron invitados.
Otras:
Etiquetas: Tania Tabarez


Loading...







En toda la columna no ponés un ejemplo concreto de esta tendencia a la futurología en el periodismo deportivo, de carnaval y político. A lo que voy: si hacés periodismo de periodistas (bien que lo hagas) no podés caer en la trampas que tanto daño le hacen a la profesión. Algunos ejemplos: “se dice”, “se escucharon”, “pasa mucho que”, “X”, “se oyeron voces anunciando que”, etc.
Uno termina de leer la columna e inmediatamente comprende que no hay lo que comprender. No hay argumentación, no hay casos; no hay jugo. Es real el hecho de que en el periodismo se juegue con los resultados, pero eso ya lo sabemos. Y el que no lo sabe (también el que sí, no viene mal), para evaluar tu punto de vista y crear el suyo propio, necesita argumentos que lo hagan pensar y no una catarsis maquillada con palabras políticamente correctas, prontas para publicar, que no hacen más que empañar un vidrio del que poco se puede ver.
Pequeña conclusión (me incluyo): el periodismo de periodistas es completamente necesario, pero se requieren bolas y un trabajo profesional de verdad.
Nico:
Entiendo tu argumento en la primera parte de tu mensaje, también me molesta cuando se critica sin dar nombres (algo así como quien tira una granada sin seguro al aire y que estalle donde sea no?). De verdad lamento que en este caso lo interpretes como falta de valentía, trabajo o profesionalidad, simplemente lo considero una cuestión de estilo ya que mi intención no es hacer “periodismo de periodistas” sino “periodismo del periodismo que estamos haciendo” y que va más allá del nombre de quien sostiene el micrófono. Por esto no comparto lo de los ejemplos (en todas las columnas que he escrito abundan). Pero creo más honesto, profesional y humano decir -por ejemplo- que me encantaría que quienes conduzcan los móviles en vivo de los programas de televisión sean periodistas -y que no tengan necesidad de ser graciosos!- que enumerar a quienes hoy por hoy realizan esta tarea, porque el tema va más allá de ellos, me entendés?
Quiero decirte que tu comentario me sacudió, después de asimilarlo puede decirse que me sirvió como ejercicio de argumentación para con vos y para conmigo (igual ni pienso agradecerte porque me vas a llamar “políticamente correcta”). Ojalá me sigas leyendo, saludos, TANIA